Amma: una narradora/sanadora de tradición sufi

 Joyce Burkhalter Flueckiger  compartió desde 1990 hasta con  Amma, una sanadora sufi en la ciudad india de Hyderabad. Casada con Abba,  un mursid o lider espiritual sufi,  Amma es una sanadora atípica, porque practica profesionalmente en un espacio tradicionalmente masculino, y no se limita a atender a mujeres musulmanas y parientes cercanos, sino también a hombres y pacientes hindúes y cristianos.  Burkhalter señala la importancia de los “individuos atípicos” para mostrar el grado de  flexibilidad de los sistemas culturales y religiosos.

La práctica se basa su poder sanador en el uso del Corán, y solo contra afecciones causadas por varios tipos de “mal de ojo”  (asrat). Amma su cualificación por ser esposa de un mursid. Pero Abba reconoce un carisma que su estilo paciencia y el amor: “Vienen llorando y se van riendo”. 

Abba y Amma son expertos narradores de historias. Ambos cuentan, cuentos tradicionales. su autoridad como sanadora a través de experiencia personal y la narración pública de sueños y visiones.

La simbiosis entre Amma, sanadora y Abba, su marido maestro sufi.  Mientras Amma atiende a los pacientes que”muestra el camino”, a través de la narración de historias, que delinean el marco en que se desempeña la actividad sanadora de Amma.

Joyce Burkhalter Flueckiger nació en India en una familia menonita. Es profesora en el Departamento de lReligión en la University of Emory, Atlanta, EEUU. 

Los resurgimientos de la narración oral en el mundo

Marian C. Rodríguez

 

“La infancia de Raleigh”, de John Everett Millais (1870).

En 1936, Walter Benjamin profetizó en The Storyteller la muerte de la narración oral en el mundo moderno, víctima de la industrialización y la tecnología. Paradójicamente, algunas décadas más tarde, serán las nuevas tecnologías las que popularicen por redes sociales la narración oral bajo una nueva palabra de moda: storytelling. En 2015 la National Storytelling Network de EEUU compiló 500 artículos sobre storytelling publicados en la prensa anglófona mundial de 2003 a 2015, bajo el rubro “Storytelling… is News!”.1 Por su parte Polletta et al., en un artículo de revisión bibliográfica publicado en 2011, registraban 587 artículos sobre sociología de la narración oral fechados entre 1970 y 1990, solo en revistas indexadas en Sociological Abstracts. Según ella, el número de artículos sobre el tema se han multiplicado por diez en los últimos veinte años.

Si la bonanza del storytelling es un fenómeno de los años 2010s impulsado desde la publicidad y el marketing, la nueva narración artística —bajo sus múltiples formas— lleva décadas floreciendo en diversas sociedades urbanas desde la segunda mitad del siglo XX. Síntoma de su buena salud es el circuito global de festivales nacionales e internacionales, la creación del Día Mundial de la Narración Oral en 19912, las diversas escenas nacionales de narradores amateurs, semi-profesionales y profesionales, y la proliferación de asociaciones, seminarios, programas universitarios, talleres regulares y escuelas en diversos países. Pero si ha ocurrido un resurgimiento (o resurgimientos) de la narración oral en el mundo (1) ¿cómo se produjo previamente su declive? (2) ¿y cuales han sido las causas de estos resurgimientos? Exploraré aquí brevemente algunas respuestas a estas preguntas.

 El declive de la narración tradicional

Un narrador !kung san del Kalahari,  en una foto de 1947 para la revista Life.

La mayoría de narradores orales coinciden en que el arte de contar es inseparable del arte de escuchar. La pérdida de interés por las historias y los contadores de viva voz se asocia por tanto a la pérdida de ocasiones y lugares para escuchar, de gente con tiempo, ganas y aptitud para escuchar y de narradores dispuestos a hacerse escuchar. Diversos autores atribuyen así el declive de la narración oral “tradicional” en diversos países a los procesos de éxodo rural y urbanización que transformaron las estructuras comunitarias y familiares en las sociedades modernas (Pelen 1978); a los procesos de industrialización que modificaron los patrones de producción y de trabajo; y al desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación como el cine, la radio y la televisión (Bérubé 2002), que sustituyeron la experiencia comunitaria, creativa y participativa de la narración directa por el consumo privado y pasivo de historias “enlatadas” producidas por y para los medios de comunicación de masas (Chambers 1966).

Hoy día, al tiempo que se dan nuevos resurgimientos en los llamados “países emergentes”, en otras regiones del mundo continúa el declive de la narración tradicional. Así, un foro internet de BBC World de ámbito africano propone en el año 2004 la pregunta: “¿Está muriendo la narración oral?”, que uno de los contribuyentes contesta de esta manera:

“Como en la mayoría de las culturas africanas, la narración oral ha muerto una muerte gradual y natural. Es triste pero es verdad. Ya no hay hogares donde sentarse, fuegos que remover o humo que mirar mientras la abuela lleva a los niños de ojos atónitos miles de años atrás en el tiempo. Se fue el mundo del hombre que comía ogros de un solo ojo, que seducía muchachas bonitas para el matrimonio o el mundo extraño de la liebre y la tortuga compitiendo por la mano de una chica hermosa. El mundo de los sapos y los pájaros parlantes y de los niños heroicos que superaban a los ogros en ingenio ya no existe. La civilización ha matado ese mundo y nunca volverá. La familia extensa ha sido fatalmente herida y rota. Las familias han sido urbanizadas mientras los abuelos deben permanecer en las aldeas remotas y desperdiciar sus talentos. Solo se reúnen con sus nietos en las vacaciones, que no son suficientemente largas para las sesiones de narración oral. Incluso si hubiera tiempo, el niño urbano preferiría leer el último libro de Harry Potter o miraría un montón de películas sangrientas que dejarían aturdido a estos pobres viejos” (Ndung’u Ndegwa, Kenia).

La nueva narración oral

La brevedad de este artículo no me permite explorar los resurgimientos de la narración oral en cada país y contexto local donde han tenido lugar. Para conocer la diversidad de condiciones históricas y socio-culturales y hacer justicia a todos los agentes que los han hecho posibles, se recomienda recurrir a las obras y artículos específicos que tratan sobre ellos desde diversas disciplinas, muchos de ellos revisados aquí.

Aunque las fechas son difusas y los hitos fundadores son a menudo objeto de apasionado debate, varios autores sitúan los primeros resurgimientos —en Europa y América— a finales de los años 60 y principios de los 70s (Garzón Céspedes 2009; Radner et al. 2004; Sanfilippo 2005; Sobol et al. 2004; Touati 2000), aunque sus raíces se remontan varias décadas atrás, incluso al siglo XIX, en las actividades de animación a la lectura para niños que se hacían en las bibliotecas escandinavas —La Hora del Cuento—, una costumbre que se transmitió a EEUU e Inglaterra, y de ahí a otros países europeos y a América Latina (Garzón Céspedes 2009; Sanfilippo 2005). En los años 60 y 70 movimientos sociales e intelectuales como el mayo del 68 francés ponen en entredicho la cultura elitista y de consumo de masas y empiezan a revalorizar las artes populares y por ende las tradiciones orales4, formando e impulsando los primeros núcleos de narradores de resurgimiento en las ciudades de varios países europeos —Francia— y americanos —Cuba, EEUU—. Los espectáculos, seminarios y talleres itinerantes que organizan algunos de estos “nuevos narradores” en sus propios países y de país en país contribuyen a la difusión internacional del movimiento, generalmente, aunque no siempre, en países de lengua compartida o mutuamente inteligible (Touati 2000). Un ejemplo emblemático es el cubano Francisco Garzón Céspedes con la Cátedra Iberoaméricana Itinerante de Narración Oral Escénica (Garzón Céspedes 2009), o de la narradora Cathy Spagnoli en Malasia, que según Sheila Wee (2008) tenía “un gran conocimiento de la tradición oral asiática” y catalizó con sus talleres el resurgimiento en Singapur.

Mientras resurgían las artes orales en “el mundo afluente” (Heywood 1998; Touati 2000), la narración oral tradicional languidecía aún en algunos de los llamados “países en vías de desarrollo” o “emergentes”. Así describe por ejemplo, la narradora malaya Sheila Wee las condiciones previas al Storytelling Revival en Singapur:

Daniel Honoré, pionero del “renouveau” del cuento en la Isla de la Reunión.

“En 1998 la narración oral era solo un recuerdo, una visión que iba perdiendo color. En los 50s el último narrador profesional plegó su negocio en Read Bridge, al lado del río Singapur. En los 60s y 70s la gente se volvió hacia la radio para escuchar a Lee Dai Soh contar cuentos populares chinos y epopeyas de espadachines. Pero los tiempos cambiaron, se aceleró el ritmo de la vida y ya nadie tenía tiempo para la narración oral” (Wee 2008).

En países donde aún sobreviven culturas de tradición oral, se da así un doble movimiento: por un lado se registra la pérdida de las tradiciones orales, y por otro el surgimiento de nuevos narradores en las áreas urbanas —que empiezan a interesarse a su vez por esas tradiciones orales para promocionarlas o incluirlas en sus repertorios—, dándose así un fenómeno de retroalimentación entre tradición y modernidad (Touati 2000: 101).

 

(Extractos de C. Rodríguez, Marian (2017) “El poder de las historias: usos contemporáneos de la narración oral”. Madrid: UCM-Cuadernos de Trabajo)

 

1 La NSN compiló estos artículos de los siguientes medios anglófonos: The New York Times, The Wall Street Journal; The Institute of Healthcare Improvement, The Gulf Today (Sharjah, Emiratos Árabes Unidos); Forbes; Conferencias TED; The Harvard Business Review y The Hindu (Chennai, India).

2 El 20 de marzo.

4 La brevedad de este trabajo no me permite enumerar todos los géneros de artes orales de resurgimiento, pues son muchas y muy diferentes en cada enclave local. Para ello remito de nuevo a los trabajos sobre resurgimientos específicos y a la realización de nuevas investigaciones.

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